Vicente Otta R.
PRESENTACION
El jueves 21 de julio el Presidente García ha promulgado la Ley de creación del Ministerio de Cultura, hecho que nos parece trascendental tanto por que implica una importante reforma del Estado, en tanto diseño y estructura burocrática como por su implicancia en la relación entre el Estado peruano y la comunidad pluricultural que la sustenta.
Es necesario puntualizar que la propuesta de ley ha sido elaborada por la Comisión de Educación que preside la bancada nacionalista y la Comisión de Descentralización y Gobiernos Locales. Explicación necesaria para entender su vocación pluricultural y descentralista.
UN MINISTERIO QUE LLEGA CON TARDANZA
Somos uno de los últimos países de América Latina en crear su ente nacional de gestión cultural. En Colombia se crea en 1997, en Chile se forma el Consejo Nacional de Cultura, con nivel ministerial en 1998, en el Ecuador el año 2007 y en Bolivia el año 2009. En el Perú, que tiene la cultura más rica y diversa de América Latina solo comparable con México, esta ausencia era absurda e injustificable. Una de las explicaciones que podemos ensayar es que las manifestaciones culturales vivas más valiosas son producidas por los pueblos andinos y amazónicos; que se expresan en la música, la danza, gastronomía y artesanía en formas ilimitadas de creación y producción. Creaciones que hasta no hace poco eran considerados no artísticos sino objetos folklóricos y arte “popular” sin legitimidad para ser reconocido como arte a secas por los críticos y significadores de la cultura oficial, que siguen anclados en la anacrónica definición de arte como todo aquello que es únicamente contemplativo y proveniente del arte académico forjado en Europa como el teatro, la pintura, la opera o la llamada música clásica.
Agotados estos géneros y empobrecidos espiritual y culturalmente sus portadores (criollos formados en el elan oligárquico y señorial en vías de extinción desde el reformismo velasqu
ista), las elites que siguen dictaminando lo que es cultura y lo que no es, difícilmente podrían promover una entidad de gestión cultural nacional que tenga como sustento la creación artística y cultural de los pueblos andinos y amazónicos, que es lo que mayoritariamente se produce en nuestra sociedad. Para estas gentes lo más cómodo era seguir pontificando sobre gustos y artes oficiales en la lógica de que los grandes restos arqueológicos prehispánicos fueron creados por los incas, y que hoy sus descendientes no son dignos ni capaces de crear ni producir alta cultura. La subvaloración y ninguneo de estos pueblos es uno de los rezagos mas fuertes de la cultura señorial que se afianzó en la exclusión y ofensa de estos pueblos.
Estas son las causas principales para no crear el ente nacional de gestión cultural, también hay otros factores como las restricciones económicas del estado y el desconocimiento de que la cultura, en cualquier sociedad moderna (de verdad y no de fachada) es considerada un factor esencial para el desarrollo y la competividad de las naciones.
Por eso la propuesta de Ministerio de Cultura presentada por la Comisión de Educación, como alternativa a la presentada por Alan García, y que ha sido aprobada por el Congreso Nacional, recoge y afirma el carácter pluricultural de nuestra sociedad y su gestión cultural, asume explícitamente esta definición como factor sustantivo de su carácter y define la interculturalidad como política esencial y transversal del sector.
EL MINISTERIO DE CULTURA
Recoge los diversos aportes que se han producido tanto a nivel nacional como internacional. Particularmente en lo que se refiere a las tendencias jurídicas y políticas de la normatividad de entidades como la OIT y la propia ONU. En el primer caso, con la declaración 169 que ampara los derechos de los pueblos indígenas con carácter vinculante y en el segundo, con la Declaración de los Pueblos Indígenas. Estos documentos remarcan la necesidad de ampliar los horizontes de las políticas de estado para garantizar los derechos de amplios sectores sociales secularmente excluidos de las políticas oficiales. En otras palabras, se recusa las democracias de baja intensidad que ha sido la característica de la mayoría de los estados latinoamericanos en los últimos decenios, acentuados con la hegemonía de las políticas neoliberales desde 1980.
Junto con estos temas que evidencian el esfuerzo de contemporaneidad se incluyen cuestiones como Industrias culturales, la promoción cultural con financiamiento adicional, lo público y lo privado, que responden a las tendencias actuales de la gestión cultural.
Pero lo que define su carácter progresivo como reforma del estado y como instancia de gestión cultural democrática y descentralista es su pluriculturalidad, que está expresada en la creación del Viceministerio de Interculturalidad, con la finalidad expresa de generar las políticas interculturales que deben aplicarse en los diferentes ámbitos y niveles de dirección, tanto nacional como regional de la nueva entidad ministerial.
El artículo 15°, que se refiere al Viceministro de Interculturalidad, dice lo siguiente: “El Viceministro de Interculturalidad es la autoridad inmediata al ministro en asuntos de interculturalidad e inclusión de las poblaciones originarias... ejerce las siguientes funciones:
a)Promover y garantizar el sentido de la igualdad social y los derechos de los pueblos secularmente marginados, que es un signo de los tiempos tal como lo reconocen el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (Resolución aprobada por la Asamblea General, 13 de septiembre de 2007).
b)Formular políticas de respeto de las diversas expresiones culturales de nuestros pueblos y generar los mecanismos para difundir una práctica intercultural en el conjunto de la sociedad peruana…
c)Coordinar, orientar y supervisar las actividades que cumplen los órganos del ministerio, los organismos públicos y demás entidades correspondientes a su sector, para promover la construcción de políticas que permitan conocernos mejor y que reconozcamos las diversas culturas vivas que existen en nuestro país, que su respeto y valoración permitan construir una ciudadanía inter-cultural…”
Estas orientaciones sumadas al participacionismo y vocación descentralista, deben hacer de ésta una instancia realmente vinculada a las necesidades de nuestro país, sintonizada con el desarrollo y la dinámica nacional y global de la cultura, afirmando y fortaleciendo nuestra identidad.



