El simulacro
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges
En uno de los días de julio de 1952, el enlutado apareció en aquel pueblito del Chaco. Era flaco, aindiado, con una cara inexpresiva de opa o de máscara; la gente lo trataba con deferencia, no por él sino por el que representaba o ya era. Eligió un rancho cerca del río; con la ayuda de unas vecinas armó una tabla sobre dos caballetes y encima una caja de cartón con una muñeca de pelo rubio. Además, encendieron cuatro velas en candeleros altos y pusieron flores alrededor. La gente no tardó en acudir. Viejas desesperadas, chicos atónitos, peones que se quitaban con respeto el casco de corcho, desfilaban ante la cama y repetían: Mi más sentido pésame, General. Éste, muy compungido, los recibía junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, como mujer encinta. Alargaba la derecha para estrechar la mano que le tendían y contestaba con entereza y resignación: Era el destino. Se ha hecho todo lo humanamente posible. Una alcancía de lata recibía la cuota de dos pesos y a muchos no les bastó venir una sola vez.
¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? ¿Creía ser Perón al representar su doliente papel de viudo macabro? La histora es increible pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal y es como el reflejo de un sueño o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos y anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología.
en:
Jorge Luis Borges. El hacedor (1960). Obras completas.
Emecé editores. Buenos Aires 1974.
Borges nos recuerda cómo una realidad, en desenfrenadas o apacibles interpretaciones, trastoca lo real. La ficción es el vehículo para conmemorar tiempos y espacios idos.
Quizá aquellos que nos dedicamos a museos y galerías debamos reflexionar sobre todas las opciones que la realidad nos ofrece y -ya sea con la audacia de los divulgadores populares o la de maquiavélicos políticos- crear espacios museales con personajes y situaciones que desde el hoy, el ayer o el futuro emerjan con su verdad.
Estemos atentos al devenir del 2009. Mejor aun: construyamos un año con imaginación, valor, honestidad y solidaridad.
Fedora Martínez




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