Todo espacio esta sujeto a exhibición, depende de nosotros mirar o no


Invitación a exposición de arte



En la Galería de Arte de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón se presenta la muestra



El dis-curso del agua

La champería en San Juan de Iris

Del 11 de setiembre al 3 de octubre 2007


Los organizadores y artistas de la exposición agradecemos nos acompañen a la inauguración, el martes 11 de setiembre, a las 6:30 pm.



Arnaldo Muñoz Castillo

Promotor de la Galería de Arte


Visita: de lunes a viernes, de 9:30 am. a 7:00 pm.
avenida Los Frutales 954, Camacho - La Molina, Lima - Perú



Artistas

Aldo Carhuancho Herrera
Boris Yupanqui Salazar
Gossediletto
José Puma

Mónica Moreno Iparraguirre
Nora Carrasco Apaza
Rocío Bernaza Zavala
Rosario Guimet Barrios
Walter Fernández Alcázar


Curaduría
Fedora Martínez

Sobre el espacio festivo recreado


Las comunidades campesinas incorporan en su calendario agrícola manifestaciones artísticas tradicionales relacionadas con el agua. En la sierra de Lima se desarrolla la Fiesta del Agua, conocida también como Fiesta de la Champería. Los pueblos de la cuenca alta del río Santa Eulalia, importante afluente del Rímac, festejan anualmente esta champería[1], que entraña una estética de naturaleza rural impresionante.


Paisaje compuesto por pequeños valles altoandinos surcados de acequias y reservorios que durante la fiesta reproducen milenarias costumbres que se perciben códigos y símbolos.
La propuesta pictórica trata sobre la fiesta de la champería de la comunidad campesina de San Juan de Iris. Esta faena se realiza la tercera semana de mayo. Se festeja una semana (de lunes a sábado). La comunidad organizada limpia acequias, pequeños pozos y lagunas. Durante la semana de fiesta los comuneros de San Juan de Iris festejan así:

Lunes - miércoles
El pueblo sube a las zonas más altas para limpiar toda la acequia (12 km). Se pernocta al aire libre durante tres noches.

Jueves-viernes
Limpieza de las lagunas. Importante celebración en Anchicocha, el principal reservorio del pueblo.

Sábado
Carrera de caballos.


Los artistas que intervienen en la muestra El dis-curso del agua se integraron a la fiesta de la champería y sus vivencias la vuelcan a la obra que presenta la Galería de Arte de la UNIFE.


Fotografía de Boris Yupanqui

[1] En esta subcuenca hay nueve distritos: Santa Eulalia, Callahuanca, San Antonio de Chaclla, San Pedro de Casta, San Lorenzo de Huachupampa, San Juan de Iris, Laraos, Santiago de Carampoma y Ascensión de Huanza, que conforman el norte de la provincia de Huarochirí.

Nueve artistas en la Galería de Arte de la UNIFE. Del 11 de setiembre al 3 de octubre, 2007


Llankanchisraqmi
Gossediletto
Óleo sobre lino
1.20 x 1 m



Chirisuya
Walter Fernández Alcazar
Acuarela








Texturas de San Juan de Iris
Nora Carrasco Apaza
Mixta
1.30 x 0.30 / 1.30 x 0.30 m


San Juan de Iris
Políptico 2/4
Charo Guimet
0.68 x 0.76 m
Óleo sobre lienzo

San Juan de Iris
Políptico 1/4
Rosario Guimet
Óleo sobre lienzo
0.68 x 0.76 m
charoguimet@hotmail.com




Walinando en Iris
(detalle)
Rocío Bernaza Zavala
Técnica mixta
0.81 x 0.65





Integración en San Juan de Iris
Mónica Moreno Iparraguirre
Labrado en vidrio
31 x 42 x 40 cm
monimahiel@hotmail.com


“Una suerte de renovación de lazos entre la naturaleza y el hombre se ve reflejada en la Fiesta de la Champearía, donde los hombres, mujeres y niños de San Juan de Iris se integran con la vegetación , con la tierra , a través de su trabajo comunitario, de sus cantos, sus comidas, sus flores, sus colores, siendo el sello de este pacto hombre- naturaleza el agua creador y regenerador de vida.

A través del vidrio represento los elementos de la naturaleza: tierra y agua, fusionados e integrados a las manos del trabajo comunal, que emergen renovados de vida, vida simbolizada en las flores amarillas” (Mónica Moreno Iparraguirre)







Barroco irisino
Boris Yupanqui Salazar
Acrílico sobre lienzo
1.20 x 0.90 m
Día de faena
Boris Yupanqui Salazar
Óleo sobre lienzo
0.60 x 0.35 m






Mayoralas
Charo Guimet
Óleo sobre lienzo
1 x 0.80 m



"Arriba en Mapano se escuchaba el sonido de la chirisuya y se convocó a los comuneros para que dieran sus discursos. Colocaron sus bastones encintados con varios colores, sus bidones llenos de aguardiente y sus tres kilos de coca que serían repartidos entre todos. La cruz estaba instalada para colocarle las flores amarillas y cada uno dijo algunas palabras haciendo hincapié en la necesidad de poner mucho esfuerzo en la limpieza de las acequias, porque de ello dependerá tener el agua para el riego durante el próximo año. Al finalizar los discursos las mujeres con sus mandiles y sus polleras vistozas empezaron a repartir las flores amarillas y los caramelos a todos los asistentes. De pronto se sentía una concentración humana aromatizada por las flores. Posteriormente, los hombres se separaron de las mujeres porque cada grupo tendría que acordar cómo llevar mejor la misión asignada. Así las mujeres empezaron a ensayar los cantos de las hualinas que nosotros escuchábamos a lo lejos, mientras que los hombres recibían su porción de coca y se animaban tomando algo de licor. Nosotros también fuimos invitados y al beber sentimos que al aroma de las flores y los colores se sumaba el sabor del aguardiente produciendo así una sensación de armonía con el lugar..." (Charo Guimet)







Retorno al agua
Aldo Carhuancho
Mixta sobre nordex
0.64 x 0.76 m


Noche en Iris
José Puma
Óleo sobre lienzo
1 x 1 m
josepuma80@hotmail.com


Camino a Iris
José Puma
Óleo sobre lienzo
s7t
Rocío Bernaza Zavala
Óleo sobre lienzo
0.54 x 0.65


Jasania Velázquez Núñez fotografío las obras de Charo Guimet y Boris Yupanqui


Alfredo Felipa fotografío las obras de Aldo Carhuancho y Boris Yupanqui (Barroco irisino)http://www.alfredofelipa.com/



















La Champería en San Juan de Iris


Las aguas que bajan de la cordillera central de los Andes van formando la cuenca del río Rímac. Las usamos para tener un servicio organizado que nos ofrezca agua potable. Pero nuestra preocupación de citadinos sólo aparece ante su escasez o abundancia. Sin embargo, no siempre fue así. En tiempos anteriores a la conquista la relación entre sociedad y naturaleza tuvo una otra significación. Estamos hablando de paisajes culturales distintos. Hoy, en los bajos del valle se extienden urbanizaciones, zonas industriales y nuevos asentamientos humanos que van transformando el paisaje y convierten las antiguas tierras de cultivo en áreas urbanas “sembradas de cemento”.

Los pobladores del antiguo Perú fueron elaborando un sistema de ideas alrededor de los elementos que la naturaleza proporciona. Empezaron a crear símbolos, ritos y representaciones para esta sociedad andina; encontraron un origen común relacionando, en un solo concepto, el tiempo, el paisaje y la historia. Waman Puma de Ayala, al distribuir las edades del mundo, señala que la cuarta edad, awkaruna, se caracteriza por la tecnificación de la agricultura, la construcción de acueductos y represas y el descubrimiento de nuevas variedades de plantas comestibles. Esta edad es consecuencia de la anterior, la tercera, purunruna y tendrá, entre otros factores, el reconocimiento del ancestro común en las cuevas, peñas, lagunas, cerros y ríos. Los miles de años de experimentación agrícola para domesticar plantas silvestres no estuvieron desligados de un entorno en el que cada elemento natural era tomado en cuenta. La tierra, el agua, el tiempo lunar y el solar, el intervalo entre el inicio y el fin de una planta, fueron organizándose de tal forma que adquirieron un aura de poder y religiosidad.

La importancia del agua en el Antiguo Perú tiene tanta validez que, en el plano bibliográfico, se han discutido muchas teorías acerca del carácter de estas sociedades. Y uno de los elementos de esta discusión es justamente el control hidráulico y el manejo del poder sobre los reservorios naturales y artificiales. Los canales de irrigación fueron claves para convertir el paisaje natural en zonas permitiendo una agricultura intensiva. El valle bajo del Rímac, en tiempos previos a la conquista, era regado por múltiples brazos y canales. Algunos tan importantes que fueron denominados ríos: Surco, Magdalena, y otros. La arqueología ha rescatado algunos canales prehispánicos. Pero desconocemos cómo eran las ceremonias y fiestas en este valle bajo. Sí sabemos, por las crónicas y otros documentos, que al tiempo de la fundación de la ciudad de Los Reyes los indígenas fueron enviados donde están ahora la iglesia y la plaza de San Sebastián, lugar que en tiempos prehispánicos era usado, temporalmente, para fiestas y labores agrícolas.

La expansión urbana y los cambios en los patrones de vida fueron modificando la vida cotidiana y hoy sólo nos queda la esperanza de hallazgos documentales que nos acerquen al desarrollo de las fiestas referidas al ciclo agrario. Actualmente, en las zonas rurales, hallamos la reedición de las antiguas fiestas referidas al ciclo agrícola y en el valle medio y alto del Rímac encontramos comunidades campesinas que, una vez al año, celebran una importante faena de limpieza de acequias (yarqa aspiy) conocida como Fiesta de la Champería.

Tuve la oportunidad de compartir la champería en San Juan de Iris, en la cuenca del río Santa Eulalia, muy importante afluente de la margen derecha del Rímac. En esta subcuenca hay nueve distritos: Santa Eulalia, Callahuanca, San Antonio de Chaclla, San Pedro de Casta, San Lorenzo de Huachupampa, San Juan de Iris, Laraos, Santiago de Carampoma y Asención de Huanza, que conforman la sección norte de la provincia de Huarochirí.

La comunidad campesina de uno de estos distritos, San Juan de Iris, organiza anualmente la limpieza de la acequia que conducirá el agua depositada en las lagunas de las partes altas. Necesariamente, esta faena se cumple entre el 15 y 30 de mayo, fecha límite para concluir la limpieza pues, en junio, los sembríos de panllevar (maíz, haba, trigo) requieren de urgente riego. La festividad dura una semana (de lunes a sábado) y la comunidad organizada limpia acequias, pequeños pozos y lagunas. El arduo trabajo por el bien común e individual lo ordena la misma comunidad campesina, y la limpieza de los 12 km. de acequia reedita, cada año, costumbres que se pierden en la profundidad del tiempo. La alegría se evidencia en el trabajo mismo, la preparación de comidas y los festejos de cada día.

Si elaboramos un grueso calendario de esta fiesta, señalaremos que: El domingo hay una asamblea de autoridades comunales que ultiman los detalles de la semana; se presentan los obsequios que hacen los dirigentes y lo que se ha comprado con dineros de la caja comunal.

El lunes, muy temprano, la melodía de una chirisuya (instrumento de aliento de lengüeta) anuncia el inicio de la fiesta. Hay un fuerte movimiento de gente en el pueblo, se inicia la salida hacia las alturas, la población se traslada llevando todo lo necesario: ropa de abrigo, alimentos, flores, licor, coca, cigarrillos y menaje de cocina. Se quedan pocos habitantes en el pueblo. La primera reunión se realiza en el reservorio Mapano. Es requisito indispensable, al llegar a este sitio, colocarse en el sombrero una pequeña cruz de paja. En Mapano se efectúa la asamblea donde las autoridades hacen uso de la palabra, los comuneros jubilados recuerdan el significado de la fiesta y exhortan a la juventud a guardar con respeto las costumbres, se organizan las cuadrillas de lamperos que serán los encargados de la limpieza de la acequia.

Las esposas, madres e hijas de las autoridades son las encargadas de repartir flores y dulces a todos los asistentes, sean del lugar o foráneos. Cuando se llega a Mapano se observa el reservorio vacío y una cruz pintada de azul. Durante el desarrollo de la asamblea, las autoridades, los comuneros, las mujeres, los niños y los visitantes, tienen una ubicación específica en torno a la cruz. Finalizada la reunión, la cruz queda vestida con flores y será paso obligado de todo aquel que se despide del lugar.


Los lamperos, organizados en cuadrillas, empiezan la limpieza de la acequia. Les espera un canal de 12 km. que será, durante tres días, testigo del trabajo, canto, alegrías y llantos. Habrá una constante vigilancia de la limpieza, ejercida por las autoridades: las cuadrillas deben trabajar sincronizadamente. Si una no finaliza el espacio que se la ha designado las otras exigen velocidad. Las mujeres cumplen una función de primer orden en esta fiesta del agua.

La junta directiva comunal está conformada por varones, esposas, hermanas e hijas que participan activamente de la fiesta. Ellas se encargan del reparto de flores y dulces en las asambleas y descansos. Se dan dos grupos de mujeres jóvenes, a las que se les conoce con el nombre de mayoralas: ellas cantarán hermosas walinas y yarawis.

Durante los tres días de trabajo, se pernocta en campamentos. Ocurren una serie de hechos que ponen de manifiesto la solidaridad en relación a las autoridades, los cantos personalizan a los individuos en sus funciones. No se le canta ni a una persona en particular ni, genéricamete, al varón o a la mujer. Se canta la jerarquía, se menciona a los funcionarios, lamperos y mayoralas. Se evocan lugares, como el reservorio de Mapano, al que se cantó la siguiente walina:

Silba el viento en los pajonales y en mis labios una walina,
de mi pecho brota un suspiro contemplando el Mapanito
Si algún día llega la hora en que yo de mi último aliento,
quiero irme como esas aguas para volver entr las nubes

Importante el manejo de poder y los mitos. Por ejemplo, el miércoles se elige a un hombre que será por unas horas el “marido” de la dueña de la acequia Chucchay, que es el lugar donde se quedan las autoridades comunales apadrinando la unión y, como debe continuarse con la limpieza del canal, se eligen nuevas autoridades, que se buscarán entre las cuadrillas de lamperos, y dirigidos por los nuevos funcionarios, concluirán con la limpieza de la acequia en un lugar conocido como la toma. Allí los lamperos cantan, beben, comen y eligen a un hombre que se transforma en el “brujo de la toma”, quien, con un látigo, “arreará” el agua y avanzará por el canal en dirección a Chucchay, donde se encuentran las primeras autoridades comunales. El agua que corre por la acequia entrará a la piedra horadada, donde se consuma la unión entre Iralda, la dueña de la acequia, y el “novio” elegido quien ha sido vestido con maleza y flores. El encuentro de los dos brujos (tinkuy): uno complementa al otro.

Las autoridades van hacia Chucchay y, en el campamento conocido como Lihuire, se quedan sólo las mujeres. Durante unas horas ellas asumirán el poder y, si creen conveniente, el castigo de algún varón que por alguna razón pasa por el campamento: es colocado cabeza abajo dentro de la acequia. En las alturas se ha organizado el trabajo sin distinción de parcialidad o estado civil, sin embargo, a partir del jueves, se limpian las lagunas conocidas como Huancachica, Chicacocha y Churincocha. En tiempos anteriores también se limpiaba la laguna Huachahuaco. Huancachica es la laguna elegida para los jóvenes, aquellos que están enamorados: son los hijos jóvenes de los comuneros los que van a esta laguna.

En la comunidad campesina funcionan tres parcialidades conocidas como Curaca, Callán y Chaupín. Manifiestan sus diferencias en la limpieza de la laguna principal llamada Anchicocha. El viernes, dividen el área del reservorio y empiezan la limpieza compitiendo por concluir primero la faena. Cada año rotan, no volviendo a limpiar el sitio asignado durante dos temporadas. También compiten haciendo correr el agua por dos canales, aquél por donde salga el primer chorro de agua será el vencedor. Otro plano de la competencia es el de los cantos. Cada parcialidad tiene sus mayoralas que irán, junto con los poetas del pueblo, creando canciones. La culminación de la competencia será una carrera de caballos que se desarrolla el sábado, último día de la fiesta.

En ajustados párrafos he intentado recrear una fiesta de la sierra limeña. La continuidad de esta costumbre trae a discusión su permanencia y su cambio. Las comunidades campesinas recomponen constantemente sus funciones y las manifiestan en actividades que son síntesis de las modificaciones que se operan en la comunidad. Actualmente, este tipo de fiestas consolidan las funciones políticas de los dirigentes comunales y, a partir de estas funciones, la comunidad se fortalece como tal. Cada acto de esta fiesta nos revela mecanismos simbólicos y rituales de uso actual pero, a su vez, nos confirman costumbres de larga data.


Fedora Martínez


Fotografías
Nora Carrasco Apaza
norado2003@hotmail.com
Boris Yupanqui Salazar
ciberboris@hotmail.com